Serguéi Dovlátov: el escritor ruso que tiene una calle con su nombre en Nueva York
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En 2014 apareció en Queens, Nueva York, la calle “Sergei Dovlatov Way”. Fue precisamente allí donde el escritor ruso vivió durante diez años.
El camino de Serguéi Dovlátov hacia la fama no fue fácil. A diferencia de su amigo, el poeta Joseph Brodsky, que prácticamente fue obligado a abandonar la URSS, Dovlátov se marchó por voluntad propia en 1979. En la Unión Soviética sencillamente no publicaban sus obras por razones ideológicas y cada vez le resultaba más difícil ganarse la vida.
Sin embargo, a diferencia de muchos emigrantes, Dovlátov sabía bien inglés y era un apasionado del jazz y la literatura estadounidenses: Hemingway, Vonnegut, Faulkner, etc. No tuvo que trabajar como taxista o en una lavandería, como les ocurrió a muchos otros. En Estados Unidos ya tenía amigos y contaba con la prensa en lengua rusa de la emigración. Pronto se convirtió en redactor jefe del periódico en ruso The New American. Además, su mujer y su hija habían emigrado antes y se habían establecido bastante bien en Nueva York, lo que fue una de las principales razones de su marcha.
También tenía amigos entre los editores locales: Carl y Ellendea Proffer, propietarios de 'Ardis Publishing', editorial que publicó a muchos de los autores rusos disidentes prohibidos por la censura soviética. Fueron ellos quienes editaron la mayoría de los libros de Dovlátov durante la década de 1980, mientras que en su país natal no comenzaron a publicarse hasta la década de 1990.
Las peripecias de un intelectual soviético
Serguéi Dovlátov nació en 1941 en Ufá, adonde sus padres habían sido evacuados desde Leningrado (actual San Petersburgo) durante la Segunda Guerra Mundial. En 1944, la familia regresó.
Dovlátov siempre estuvo cerca de los poetas de Leningrado y se movió en ambientes literarios. Estudió Filología, aunque fue expulsado, y posteriormente Periodismo. Pero el destino y la necesidad de ganarse la vida lo llevaron a vivir todo tipo de aventuras. Y todas ellas terminaron convirtiéndose en material para sus obras.
- Cumplió el servicio militar obligatorio como guardia en un campo penitenciario. De aquella experiencia nació La zona: apuntes de un guardián de campo, una de las obras más poderosas e impactantes de su legado.
- Durante varios años vivió en la Estonia soviética y trabajó como corresponsal para periódicos locales y, de manera inesperada, también como fogonero. Describió aquella experiencia en la tragicómica colección de relatos El compromiso.
- Su trabajo como guía turístico en el Museo-Reserva de Pushkin quedó reflejado en la novela La reserva de Pushkin.
- Más tarde, en la colección de relatos 'La maleta', el autor hace literalmente la maleta para marcharse a Norteamérica, llevándose únicamente unos pocos objetos imprescindibles. Y cada uno de ellos encierra una historia.
El tema principal de todas las obras de Dovlátov es la vida tragicómica del ciudadano soviético, obligado a buscarse la vida dentro de un sistema totalitario. Reír para no llorar es el principal secreto de la popularidad de sus relatos. Muchos lectores se reconocían inmediatamente en aquellas escenas, ya fuera intentando conseguir clandestinamente unos vaqueros de moda o cumpliendo encargos absurdos de la dirección del Partido.
Las cosas grandes se ven mejor desde lejos
Muchos escritores rusos famosos, e incluso grandes clásicos, trabajaron en el extranjero: Nikolái Gógol, Iván Turguénev, Maxim Gorki y Joseph Brodsky, entre otros. Incluso existía una broma según la cual “la patria se veía mejor desde lejos”. Dovlátov se sumó a esta tradición. Es más, se convirtió en un escritor famoso precisamente durante su emigración.
También fue el primer escritor ruso después de Vladímir Nabókov cuyos relatos fueron publicados por la prestigiosa revista The New Yorker.
'Serguéi Dovlátov en Nueva York, 1989'
Dovlátov escribía exclusivamente en ruso, pero colaboraba estrechamente con buenos traductores. Y traducirlo no era tarea fácil. Maestro de las formas breves, poseía un extraordinario dominio del idioma y creaba imágenes y diálogos únicos, transmitiendo la personalidad de sus personajes a través de su manera de hablar, que revelaba su posición social, educación y procedencia.
Varios traductores intentaron trasladar al inglés uno de sus mejores libros, La reserva de Pushkin, pero finalmente fue su hija Catherine quien consiguió hacerlo.
La nostalgia como forma de vida
A pesar de todo su éxito, Dovlátov vivía lleno de añoranza. Añoraba Leningrado, donde conocía cada rincón; su círculo de poetas; su antigua vida.
"Se ha especulado mucho sobre la 'tragedia' de la vida de mi padre, sobre estar lejos de su patria, sobre la nostalgia... La nostalgia es un sentimiento común a la mayoría de las personas. Y no consiste tanto en añorar un lugar como en añorar una época. Cuanto mayores nos hacemos, más recurrimos a nuestros recuerdos y lamentamos el tiempo perdido", explica Catherine.
Dovlátov murió de insuficiencia cardíaca en 1990. No llegó a ver cómo finalmente comenzaban a publicarse sus libros en su patria, cómo se convertía en un clásico ni cómo su obra entraba en el programa escolar de literatura.