¿Por qué son famosos los caricaturistas soviéticos Kukriniksi?
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A los espectadores y lectores ya les sorprende cualquier dúo creativo: ¿cómo pueden trabajar juntas dos personas? ¡Pero imaginemos tres coautores trabajando en una misma obra! Pasaron más de 60 años trabajando codo con codo, hasta que la muerte de uno de ellos puso fin a la unión.
¿Por qué se llamaban ‘Kukriniksi’?
Los jóvenes artistas Mijaíl Kupriyánov y Porfiri Krilov se conocieron a principios de la década de 1920 mientras estudiaban en los Talleres Superiores de Arte y Técnica (Vjutemás), la principal cantera proletaria de pintores, escultores y arquitectos. Comenzaron a colaborar en el periódico mural del centro y firmaban sus dibujos como "KuKri", utilizando las primeras letras de sus apellidos: Kupriyánov y Krilov.
En 1924 se unió al dúo Nikolái Sokolov, que ya utilizaba el seudónimo artístico "Niks". Así nacieron los "Kukriniksi" (la "-y" final corresponde a la forma rusa para indicar el plural).
En busca de un método creativo
Los jóvenes artistas definieron enseguida un estilo común y pronto dejaron atrás el periódico mural estudiantil. El trío realizó caricaturas para el periódico Pravda y para revistas satíricas como Krokodil.
Durante la década de 1920, sus principales trabajos fueron caricaturas sobre temas literarios y culturales, asuntos de la vida cotidiana y retratos paródicos de personajes famosos.
Los Kukriniksi también trabajaron para el teatro, probando suerte como diseñadores de vestuario y escenógrafos. A mediados de la década de 1930, una serie de caricaturas amistosas de los directores Konstantín Stanislavski y Vsévolod Meyerhold, el compositor Serguéi Prokófiev y los actores Vasili Kachálov e Iván Moskvín fue reproducida en porcelana. Además, obtuvieron una medalla de oro en la Exposición Internacional de Artes y Técnicas de París de 1937.
Los Kukriniksi también se dedicaron a la ilustración de libros, especialmente de obras satíricas de Nikolái Gógol, Mijaíl Saltikov-Shchedrín y del gran escritor soviético Maxim Gorki.
Caricatura política
Fue precisamente Gorki quien sugirió al trío orientar su ingenioso humor hacia otros horizontes y les aconsejó "mirar más a menudo hacia Europa, al otro lado del océano, más allá de todas nuestras fronteras". Desde principios de la década de 1930, el nombre "Kukriniksi" se convirtió prácticamente en sinónimo de caricatura política.
Sus principales recursos eran lo grotesco y la hipérbole. Utilizaban metáforas muy visuales, dotaban de rasgos humanos a objetos inanimados y añadían características animales a personajes famosos. Trabajaron para la propaganda oficial, atacando a los rivales políticos de Stalin, al Gobierno Provisional y a los enemigos de la revolución. El expresivo estilo de los Kukriniksi se hizo fácilmente reconocible.
La sátira de los artistas también se dirigió hacia la política internacional y fueron especialmente feroces en sus ataques contra los nazis durante su ascenso al poder y contra los intentos de la comunidad internacional de alcanzar acuerdos con ellos.
Carteles antibelicistas y antifascistas
El verdadero apogeo de la fama de los artistas llegó durante la Segunda Guerra Mundial. En la tarde del 22 de junio de 1941, el mismo día en que Alemania atacó a la URSS, los Kukriniksi ya habían realizado el boceto de un cartel con el lema: "¡Derrotemos y destruyamos al enemigo sin piedad!". Apenas dos días después, apareció en las calles de numerosas ciudades del país.
Los Kukriniksi también contribuyeron a mantener la moral de los ciudadanos soviéticos y el espíritu de combate de los soldados.
Durante toda la guerra, los tres artistas realizaron decenas de carteles y caricaturas de Hitler y de los dirigentes alemanes, así como de Mussolini y otros aliados de la Alemania nazi.
También realizaron octavillas dirigidas a los soldados alemanes en las que los instaban a rendirse. El impacto de sus caricaturas fue tan grande que los nombres de los artistas llegaron incluso a figurar en la lista negra de Hitler.
Después de la guerra, los Kukriniksi publicaron junto al poeta Samuíl Marshak un par de libros infantiles sobre la contienda: Kaput y Lección de historia.
Los juicios de Núremberg
La fama y el prestigio alcanzados por los Kukriniksi después de la guerra eran tales que los tres fueron enviados como periodistas a los juicios de Núremberg.
Mijaíl Sokolov, hijo del artista Nikolái Sokolov, recordaba que los bocetos realizados por los caricaturistas soviéticos durante el proceso se publicaban inmediatamente en los periódicos (y no solo en los soviéticos) y gozaban de un enorme éxito. Según contó, uno de los oficiales estadounidenses que custodiaban el tribunal llegó incluso a ofrecerles acercar a los Kukriniksi a los acusados a cambio de sus autógrafos.
Después del proceso, los Kukriniksi pintaron un lienzo de grandes dimensiones titulado La acusación. Los juicios de Núremberg.
Los artistas siguieron teniendo mucho que decir en las décadas posteriores. Una serie de sus carteles de las décadas de 1960 y 1970 estuvo dedicada a la Guerra Fría.
Trabajando juntos y por separado
"Siempre trabajaban juntos. Literalmente. Y en 60 años ni siquiera discutieron una sola vez", recordaba Mijaíl, hijo de Nikolái Sokolov. Por cierto, los artistas incluso vivían muy cerca unos de otros. Los tres recibieron apartamentos en el mismo edificio de la calle Chkálovskaya de Moscú.
Cuando el trío recibía el encargo de realizar una caricatura sobre un determinado tema, cada uno se marchaba por su lado y preparaba sus propios bocetos. Después se reunían, examinaban las ideas que habían desarrollado y combinaban las mejores en una única obra. Casi todos sus trabajos se realizaban conjuntamente, ocupándose cada artista de una parte determinada.
También trabajaron por separado en lienzos de estilo realista. Pintaron paisajes, retratos y escenas urbanas. Sin embargo, estas obras no las firmaban con su seudónimo colectivo, sino con sus propios nombres.