¿Sabías que el escritor Andréi Beli inventó sus propios bailes?
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Su afición por el baile comenzó ya en la infancia. El joven Borís Bugáyev (verdadero nombre del poeta), después de contemplar a las bailarinas del Teatro Bolshói, empezó a imitarlas en tono de parodia. Con el tiempo acabó inventando unos movimientos completamente personales que no se parecían a nada conocido.
Según los testimonios de sus contemporáneos, bastaba con que empezara a sonar la música para que Beli tomara a la primera dama que encontrase y comenzara a hacerla girar.
“Bailábamos al ritmo del one-step o del shimmy, y también un baile inventado por él que no tenía nada que ver con los bailes de moda. Pero el público estaba tan entusiasmado que hasta me regalaban flores”, recordaba la poeta Vera Lurie.
Cuando llegó a Berlín a comienzos de la década de 1920, el poeta salía todas las noches a bailar por tabernas y cafés. Lo que contemplaban sus clientes habituales no se parecía ni al quickstep ni al foxtrot.
Marina Tsvetáieva bautizó los bailes de Beli como “jristopliaska”, un juego de palabras que podría traducirse aproximadamente como “danza de Cristo”. Según los recuerdos del poeta Vladislav Jodasiévich, aquellas extrañas y desenfrenadas danzas adquirían un carácter casi demoníaco y ritual, aunque en absoluto erótico.
No era raro que las jóvenes que imprudentemente aceptaban bailar con él acabaran rompiendo a llorar. Los demás bailarines procuraban apartarse y, en poco tiempo, Beli se quedaba completamente solo en la pista, entregado a su particular danza.