10 lugares misteriosos de Moscú

La imaginación de los moscovitas y las tragedias del pasado han dado origen a decenas de lugares mágicos… y malditos.

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Las leyendas y las supersticiones forman parte inseparable del folclore urbano. Son las que dan vida a la jungla de piedra, llenándola de misterio y personalidad. Detrás de las elegantes fachadas y de las bulliciosas avenidas de Moscú se esconden rincones donde el tiempo parece transcurrir de otra manera y el pasado no deja de hacerse presente.

1. Kilómetro Cero

(Pasaje de las Puertas de la Resurrección, 1A)

Polozovsky
Polozovsky

El monumento de bronce del “Kilómetro Cero de las carreteras de la Federación de Rusia”, instalado en 1995 junto a las Puertas de la Resurrección, cerca del Kremlin, se convirtió rápidamente en objeto de rituales y supersticiones. La tradición más conocida consiste en pedir un deseo situándose en el centro del emblema, mirando hacia la Capilla de la Virgen de Iveria, cerrar los ojos y lanzar una moneda por encima del hombro izquierdo intentando que caiga dentro del cuadrado de bronce. Si la moneda permanece en la hendidura, se dice que la buena suerte acompañará al visitante.

2. Estanques del Patriarca

Polozovsky
Polozovsky

Este lugar está rodeado de numerosas leyendas sombrías. Antiguamente aquí se encontraba el Pantano de las Cabras, donde los paganos realizaban sacrificios y, más tarde, fueron ejecutados varios boyardos caídos en desgracia. Se creía que el lugar estaba habitado por fuerzas malignas que se aparecían bajo la forma de un macho cabrío negro, anunciando la muerte y la pérdida del ganado.

Para acabar con estos males se construyó aquí la residencia del patriarca, se desecó el pantano y se excavaron estanques para criar peces. Sin embargo, el patriarcado fue abolido y la residencia terminó incendiada.

En el siglo XX la fama mística del lugar se reforzó con historias sobre una banda de hipnotizadores que, en la década de 1930, dejaba en trance a los transeúntes para robarles. A ello se sumó la inmensa popularidad de El maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgákov, ya que fue precisamente en los Estanques del Patriarca donde Berlioz e Iván Bezdomni conocieron por primera vez a Woland.

3. La Casa del Malecón

(Calle Serafímovich, 2)

Mijaíl Dzhaparidze / TASS
Mijaíl Dzhaparidze / TASS

La siniestra reputación de este edificio está ligada al destino de sus habitantes. En la década de 1930, de más de 250 apartamentos, numerosos vecinos fueron detenidos durante la noche para ser ejecutados.

La leyenda más conocida afirma que el edificio está habitado por los fantasmas de aquellos represaliados. Uno de sus mayores enigmas es la inexistencia del portal número 11: tras el número 10 aparece directamente el 12. Según una versión, ese espacio fue utilizado por los servicios secretos para escuchar y vigilar a los residentes; según otra, albergaba salas secretas para agentes.

También se rumorea que el edificio fue levantado sobre un antiguo cementerio y antiguas mazmorras de tortura.

4. El barranco Gólosov

(Parque Kolómenskoye)

Polozovsky
Polozovsky

También conocido como barranco de Volos o Veles, era considerado un antiguo santuario del dios pagano Veles, protector del ganado, la riqueza y el inframundo.

La leyenda más famosa sostiene que este barranco es una auténtica “puerta en el tiempo”. Se dice que, debido a una falla tectónica, en ocasiones aparece una niebla verdosa y quienes penetran en ella pueden desaparecer durante décadas.

Hoy los principales objetos de culto son dos enormes piedras de cinco toneladas: la Piedra de la Doncella y la Piedra del Ganso, consideradas por la tradición los restos petrificados del caballo de San Jorge o incluso del propio dragón al que dio muerte. Muchas personas acuden hasta ellas para realizar rituales relacionados con la fertilidad, dejando cintas de colores atadas a los árboles cercanos como ofrenda.

5. La casa de Beria

(Calle Málaya Nikítskaya, 28/1)

Antón Novoderezhkin / TASS
Antón Novoderezhkin / TASS

La tradición asegura que, en las noches sin luna, frente a la antigua mansión del comisario general del NKVD, Lavrenti Beria, aún puede oírse un automóvil invisible detenerse ante la puerta: el ruido del motor, el chirriar de los neumáticos, las puertas al cerrarse y los pesados pasos del propio Beria regresando a casa.

El origen de esta leyenda está en los relatos sobre los automóviles negros que recorrían Moscú por orden de Beria secuestrando a jóvenes para llevarlas hasta la mansión.

El edificio, construido en 1884, ya tenía fama de maldito antes de pertenecer a Beria: su primer propietario enfermó gravemente poco después de instalarse. Hoy alberga la embajada de Túnez.

6. El edificio del periódico Izvestia

(Plaza Pushkin, 3)

Alexéi Maishev / Sputnik
Alexéi Maishev / Sputnik

Este célebre edificio constructivista fue levantado entre 1925 y 1927 junto al antiguo Monasterio Strastnói, fundado en 1654 por orden del zar Alexéi Mijáilovich.

Tras la Revolución, el monasterio fue clausurado y demolido en 1937. Varios directores de Izvestia fueron represaliados y algunos incluso ejecutados, lo que alimentó la atmósfera de misterio del lugar. Durante décadas, los vigilantes aseguraron haber visto fantasmas recorriendo los oscuros pasillos de la redacción durante la noche.

7. El estanque de Ostánkino y la torre de televisión

(Calle Académico Koroliov, 15)

Alexéi Filíppov / Sputnik
Alexéi Filíppov / Sputnik

El personaje más célebre de las leyendas locales es el fantasma de una anciana jorobada llamada Agafia, una especie de profetisa que se aparece a los vecinos y trabajadores del centro de televisión para advertirles de futuras desgracias. Según la tradición, fue vista antes de varios acontecimientos trágicos de los años noventa y también antes del incendio de la torre en el año 2000.

El estanque de Ostánkino también posee su propia leyenda: durante los siglos XVIII y XIX, varias actrices siervas del teatro del conde Sheremétiev se suicidaban ahogándose en sus aguas incapaces de soportar las duras condiciones de vida y sus desengaños amorosos.

8. La línea circular del metro

Evgueni Biyatov / Sputnik
Evgueni Biyatov / Sputnik

Una de las leyendas más famosas de Moscú afirma que, una vez al mes y pasada la medianoche, un tren fantasma de color arena, formado por vagones de las décadas de 1940 y 1950 y ocupado por las almas de los obreros fallecidos durante la construcción del metro, recorre la línea circular.

Se dice que, si el tren abre sus puertas, nadie debe subir, pues quedaría atrapado para siempre en un bucle temporal.

Otra creencia relaciona las doce estaciones de la línea con los doce signos del zodiaco, formando un gigantesco círculo zodiacal bajo tierra.

También es muy conocida la leyenda según la cual la línea circular nació porque Stalin apoyó accidentalmente una taza de café sobre el plano del metro, dejando un círculo marrón que inspiró su trazado.

9. Monasterio de San Juan Bautista

(Callejón Mali Ivánovski, 2, edificio 33)

Maxim Blinov / Sputnik
Maxim Blinov / Sputnik

La fama misteriosa del monasterio está relacionada con el confinamiento forzoso de mujeres que resultaban incómodas para la corte imperial.

Aquí fueron recluidas varias esposas y zarinas obligadas por razones políticas a tomar los hábitos. Sin embargo, la prisionera más famosa fue Daria Sáltikova, conocida como Saltichija, condenada por asesinar brutalmente a numerosos siervos y encerrada durante más de treinta años en la prisión subterránea del monasterio.

En el siglo XVIII, el lugar también fue conocido como uno de los principales centros de la secta mística de los jlistí, famosa por sus ceremonias nocturnas.

10. El reloj de Bruce

(Calle Spartákovskaya, 2)

Puerta a Rusia (Foto : A. Savine, Wikipedia)
Puerta a Rusia (Foto : A. Savine, Wikipedia)

El ingeniero y científico Jákob Bruce, a quien la tradición popular convirtió en el gran mago de Moscú, protagoniza una de las leyendas más inquietantes de la ciudad.

Según la historia, enfurecido porque los herederos de un cliente se negaron a pagarle su trabajo, Bruce maldijo su reloj solar ordenándole «mostrar únicamente desgracias».

Desde entonces, muchos creen que, antes de las mayores tragedias de la historia rusa, la losa de piedra situada en la fachada del edificio (que algunos comparan con la tapa de un ataúd) adquiere un inquietante color rojo sangre.