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¿Por qué los libros eran un bien escaso en la URSS?

Fred Greenberg / Sputnik
En el ‘país más lector del mundo’, encontrar algo realmente interesante que leer no era tan fácil.

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El problema no era que las librerías estuvieran vacías. Al contrario, abundaban las obras del marxismo-leninismo y del realismo socialista (popularmente llamadas “cemento”). Sin embargo, no despertaban interés. En cambio, los libros verdaderamente deseados se imprimían en tiradas de apenas 100.000 ejemplares para una población de 280 millones, por lo que ni siquiera llegaban a las tiendas en las grandes ciudades.

¿Por qué no imprimir más?

La escasez de libros

Alexéi Poddubni / TASS

La política estatal priorizaba la ideología sobre la demanda. Instituciones como Glavlit y Goskomizdat controlaban qué se publicaba y en qué cantidad. Las grandes tiradas y el mejor papel se destinaban a las obras de Lenin y materiales del partido, mientras que autores como Alejandro Dumas o los hermanos Strugatski ocupaban un lugar marginal.

También había problemas técnicos: falta de papel de calidad y de capacidad de impresión. Los encargos ideológicos tenían prioridad; el resto se imprimía con los recursos sobrantes.

Dushein / Sputnik

Así nació el fenómeno del “déficit de libros”: no faltaban todos, solo los más deseados. Y eso los convirtió en símbolo de prestigio. Tener en casa colecciones de clásicos como Dumas, Conan Doyle, Verne, Tolstói o Dostoievski era un signo de estatus comparable a ser dueño de una lámpara de cristal o una vajilla alemana.

Serguéi Subbotin / Sputnik

¿Con qué soñaban los lectores?

La literatura extranjera, la ciencia ficción y las novelas policíacas eran las más buscadas. Algunas colecciones míticas fueron:

‘Biblioteca de Literatura Universal’: una serie de 200 volúmenes considerada la cima del prestigio. En el mercado negro podía costar lo mismo que un coche.

‘Biblioteca de aventuras y ciencia ficción’: muy popular, aunque siempre insuficiente.

‘Ciencia ficción extranjera’: dio a conocer a autores como Asimov o Bradbury; sus libros desaparecían de inmediato.

‘Maestros del detective soviético’: siempre muy demandados y difíciles de conseguir.

Borís Kaufman / Sputnik

¿Cómo se conseguían?

El déficit creó toda una cultura de “caza de libros”:

1. Papel reciclado

Se podían obtener libros entregando grandes cantidades de papel usado a cambio de vales.

2. Viajes

En regiones alejadas, donde la demanda era menor, era más fácil encontrar libros. También se traían del extranjero, especialmente de países del bloque socialista.

3. Intercambio

Se desarrolló un sistema complejo de trueque entre lectores, con valores casi absurdos.

4. Suscripciones

Series por encargo distribuidas a través de organizaciones, difíciles de conseguir para el ciudadano común.

5. Contactos

Las relaciones personales (“blat”) daban acceso a libros antes de que llegaran a las tiendas.

6. Mercado negro

Los especuladores vendían libros a precios muy superiores, en transacciones clandestinas cerca de librerías.

Esta “caza literaria” creó un fenómeno único: los libros no solo se leían, se copiaban a mano, se discutían, se intercambiaban… e incluso influían en relaciones personales. Eran una medida esencial de la vida en la URSS.

Serguéi Soloviev / Sputnik