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A quién y cómo se le dio un alfabeto en la URSS

Cartilla en lengua materna. Escuela infantil. Distrito de Nanaiski, aldea de Vladímirovka
Shliájov / Sputnik
La alfabetización universal, la aspiración a la revolución mundial e incluso el ahorro de papel: cómo se otorgaron y cambiaron los alfabetos a los pueblos.

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El 21 de febrero es el Día Internacional de la Lengua Materna. Rusia, en todas las etapas históricas, ha sido un país multinacional. ‘Puerta a Rusia’ contactó con Pável Drónov, investigador principal del Instituto de Lingüística de la Academia de Ciencias de Rusia, sobre cómo los científicos ayudaron a distintos pueblos a dotarse de un alfabeto práctico.

La URSS y el alfabeto latino

Una de las tareas de la Revolución de 1917 fue la eliminación del analfabetismo. En la Rusia zarista, la educación era un privilegio, y el simple hecho de recibirla elevaba a una persona por encima de las demás. Al mismo tiempo, el concepto de educación popular implicaba cierta simplificación: era necesario hacer que la propia escritura fuera más sencilla y accesible para la población. En esto se basó también la reforma ortográfica rusa de 1918: se eliminaron letras que no se pronunciaban y que tenían únicamente un valor histórico.

A mediados de la década de 1920, los científicos llegaron a la conclusión de que era necesario crear un alfabeto único basado en el latín para todas las lenguas túrquicas. Y para 1930 ya se había tomado la decisión de crear alfabetos latinos para una amplia lista de lenguas, incluidas lenguas sin escritura de los pueblos del Extremo Norte, como el evenki, el eveno, el udegué, el chukchi y el itelmeno. Más de 50 (!) lenguas obtuvieron escritura. Al alfabeto latino se lo llamaba el “alfabeto de la revolución”. La Unión Soviética se concebía como plataforma de la revolución mundial, y el latín se consideraba un alfabeto que no pertenecía a nadie en particular.

Un maestro rural enseña a leer y escribir a mujeres uzbekas
Sputnik

El alfabeto unificado para las lenguas túrquicas se llamó yanálif (del tártaro yaña älifba o “nuevo alfabeto”). El lingüista Nikolái Yákovlev, armado con fórmulas matemáticas, demostraba que un texto escrito en alfabeto latino ocupaba menos espacio en la página que uno en cirílico, lo que permitía ahorrar papel.

Posteriormente surgió la idea de pasar también el ruso al alfabeto latino para ahorrar espacio. Este hecho incluso se refleja en la novela El becerro de oro de Ilf y Petrov. La lógica era la siguiente: los pueblos de Occidente ya usan el alfabeto latino. A los pueblos de Oriente los pasaremos al alfabeto latino. Y el ruso, en cirílico, quedará como una cuña entre ellos. Por lo tanto, sería lógico pasar también el ruso al latín.

En la escuela de la granja colectiva (koljós) 'Karl Marx'
Max Penson / MAMM / MDF/russiainphoto.ru

Pero aquí surgió otro problema. Cuando hay muchos analfabetos, el cambio de un alfabeto a otro puede realizarse prácticamente sin pérdidas. Pero cuando la mayoría ya sabe leer y escribir y hay que reeducarla, hacerlo resulta difícil, porque todos los alfabetizados se convierten durante varios años en analfabetos funcionales hasta adquirir de nuevo la habilidad de leer y escribir. Esto provocó protestas. Además, en ese momento la mayoría de la población ya era alfabetizada.

Y dado que la URSS ya había abandonado entonces la idea de la revolución mundial y la había sustituido por la construcción del socialismo en un solo país, el plan de transición al alfabeto latino no se llevó a cabo.

La URSS y el cirílico

En la estación de Kazán
Rustam Mujametzyánov/russiainphoto.ru

Desde mediados de la década de 1930 comenzó el debate sobre la conveniencia de pasar a la grafía cirílica las lenguas que anteriormente habían sido trasladadas al alfabeto latino. La transición se prolongó desde finales de los años treinta hasta finales de los cuarenta. En algunos casos fue más exitosa, en otros menos. Ya no se hablaba de fórmulas matemáticas para ahorrar espacio; al contrario, en lugar de introducir nuevos símbolos y signos diacríticos, comenzaron a utilizarse dígrafos (combinaciones de dos letras que representan un solo sonido).

En las lenguas del Cáucaso se pueden encontrar dígrafos e incluso trígrafos: por ejemplo, en el alfabeto cirílico adigué existen las letras Т, ТІ (“T con palito”, que indica un sonido más fuerte y preciso que la T) y Тӏу (que representa el mismo sonido, pero con redondeo de los labios al articularlo). En otros alfabetos basados en el cirílico comenzaron a emplearse letras adicionales y signos diacríticos; por ejemplo, en tártaro, baskir y kazajo existen Ә, Ө y Ү. Algunos elementos se tomaron del yanálif.

Después de la disolución de la URSS

Una maestra de Daguestán
Max Alpert / Sputnik

En Tartaristán, en la década de 1990, se debatió la posibilidad de recuperar el yanálif. En el año 2000 se decidió pasar a un alfabeto latino cercano al azerbaiyano. Sin embargo, en 2004 esa decisión fue anulada por entrar en contradicción con la legislación federal. Por ello, la lengua tártara continúa utilizando el cirílico moderno.

Los pueblos pequeños de Rusia utilizan el alfabeto cirílico. La excepción son los pueblos fino-bálticos (principalmente los carelios), que históricamente desarrollaron una tradición escrita basada en el alfabeto latino.