Así enseñaron los rusos a los ingleses (y no solo a ellos) a beber té con limón

AnnaMusina / Getty Images
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La costumbre de poner una rodaja de limón en el té nació precisamente en Rusia. Dicen que todo fue culpa del mal estado de los caminos.

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El té llegó a Rusia desde Asia en el siglo XVII. En 1638, un gobernante mongol o chino (los historiadores todavía discuten sobre ello) se lo regaló al zar ruso Mijaíl Fiódorovich. En cualquier caso, ya en 1679 Rusia y China firmaron un acuerdo para el suministro de té y la bebida comenzó a extenderse gradualmente por todo el país.

Por tierra o por mar

Historic Maps/ullstein bild / Getty Images Llegada de caravanas rusas que transportaban té a Kiajta. Situada en la frontera ruso-china, Kiajta sirvió durante siglos como el principal punto de entrada del té chino en Rusia
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Los ingleses, que conocieron el té aproximadamente en la misma época, lo transportaban por mar. El viaje duraba unos tres meses, pero la humedad hacía que el té almacenado en las bodegas de los barcos se mojara y deteriorara.

A Rusia, en cambio, el té llegaba por tierra en caravanas. La principal puerta comercial era la ciudad de Kiajta, en Buriatia. El viaje hasta la parte europea del país duraba más de un año y, en ocasiones, incluso un par de años, pero este té se consideraba de mayor calidad. Por esta razón, el té que llegaba a Europa desde Rusia era más apreciado que el inglés.

Limones rusos

Dominio público Mercado de té en Kiajta
Dominio público

Los rusos comenzaron a familiarizarse de forma generalizada con los limones más tarde que con el té. Aunque desde tiempos de Pedro I estaba de moda cultivarlos en los invernaderos imperiales, no se convirtieron en una fruta popular hasta la segunda mitad del siglo XIX.

Fue entonces cuando Iván Karáchistov, un comerciante de Nizhni Nóvgorod, llevó consigo plantones de limoneros turcos que, sorprendentemente, consiguieron prosperar en hogares rusos corrientes. Los limones dejaron así de ser algo exótico.

Una bebida popular

The Print Collector/Heritage Images / Getty Images Un vendedor de té callejero. Moscú, 1874
The Print Collector/Heritage Images / Getty Images

A comienzos del siglo XIX aumentaron las importaciones de té y su precio disminuyó, por lo que también comenzó a popularizarse entre las clases más humildes. Sin embargo, con frecuencia no se trataba de té chino puro, sino de una mezcla con iván-chái, mucho más barata que el producto original.

El té empezó a servirse en las posadas situadas junto a los caminos. En aquella época, viajar era una experiencia larga y poco confortable. Los carruajes traqueteaban constantemente por los caminos de tierra y los desplazamientos no duraban uno o dos días, sino semanas e incluso meses.

Se dice que fue precisamente así como nació la tradición de añadir limón al té. Los alimentos ácidos ayudan a aliviar las náuseas durante los viajes largos. Al parecer, la idea surgió inicialmente entre los encargados de las estaciones de postas en las que se detenían los viajeros y posteriormente fue adoptada por los propietarios de las posadas.

Borís Ignátovich/MAMM/MDF Ceremonia del té en Rámenskoye, 1928
Borís Ignátovich/MAMM/MDF

El té con limón se hizo popular rápidamente. Por lo general, se acompañaba con algo dulce, como azúcar, miel o mermelada, y podía prepararse con prácticamente cualquier variedad de té.

A los extranjeros que visitaban Rusia esta tradición les sorprendía mucho. En primer lugar, los limones eran muy caros en Europa y, en segundo, la propia combinación resultaba poco habitual.

Hasta hoy, en Inglaterra el té con limón recibe el nombre de “té ruso”. Los propios británicos también pueden añadir limón al té, aunque solo a determinadas variedades.