¡Este es un viaje completamente único que solo puede hacerse en Rusia! En invierno, el rompehielos nuclear "50 Let Pobedi" opera en la Ruta Marítima del Norte y, en verano, organiza travesías turísticas por las inhóspitas aguas del Ártico. Es tu oportunidad de visitar el Polo Norte, fotografiar osos polares en su hábitat natural y pasar tiempo a bordo de un auténtico rompehielos nuclear. Los más valientes incluso pueden darse un chapuzón en el océano Ártico. ¡Brrr!
Los precios son elevados, pero es literalmente una experiencia única en la vida, ¡y las reservas para el verano de 2026 ya están abiertas!
2. Flotar entre hielos en los mares del norte
La ciudad ártica de Múrmansk y el pueblo costero de Teriberka, a orillas del mar de Bárents, llevan años siendo destinos turísticos populares. Allí se puede hacer prácticamente de todo: avistar ballenas, degustar cangrejo fresco, “cazar” la aurora boreal y pasar la noche en un glamping con cúpula panorámica transparente.
Ahora también puedes sumergirte en las gélidas aguas del Ártico con un traje seco térmico especial: basta con tumbarse en el agua y dejarse llevar. Eso sí, es fundamental elegir una empresa de confianza y asegurarse de que la actividad se realice en una bahía sin corrientes. Una experiencia realmente inolvidable.
3. Aguas termales en Siberia
Mientras algunos prefieren desafiar el frío en los mares del norte, en Siberia se puede entrar en calor en manantiales termales naturales. De hecho, Tiumén es la ciudad más conocida por sus complejos termales; los propios lugareños la consideran la capital termal de Rusia.
La temperatura del agua oscila entre los +36 °C y los +48 °C, y su alto contenido en minerales hace que el baño no solo resulte agradable, sino también beneficioso para la salud. En la ciudad y sus alrededores hay más de 20 manantiales, todos equipados con una infraestructura bien desarrollada, que incluye spas y hoteles.
4. Un viaje de lujo en el ferrocarril más largo del mundo
El Transiberiano no necesita presentación. Si en el pasado el trayecto —de casi siete días— se asociaba con incomodidades y cierto espíritu aventurero, hoy puede disfrutarse de una manera completamente distinta.
Te proponemos recorrer esta legendaria ruta a bordo del lujoso "Golden Eagle", cuyos vagones y compartimentos evocan la sofisticada atmósfera del "Orient Express", inmortalizado en la literatura por Agatha Christie (aunque, por supuesto, sin misterio ni crimen).
5. Buceo bajo el hielo en el lago Baikal
El lago Baikal cautiva en cualquier época del año. En invierno, sus impresionantes formaciones de hielo, la posibilidad de patinar sobre su infinita superficie congelada o una sesión de fotos con los acantilados de la isla de Oljón como telón de fondo convierten el paisaje en un auténtico escenario de otro mundo.
Y eso no es todo: también puedes practicar buceo bajo el hielo en el lago más profundo del planeta, explorar su asombroso mundo submarino y observar especies endémicas que solo habitan aquí, como la entrañable foca del Baikal. La mejor visibilidad se da entre febrero y abril.
6. Senderismo por pantanos casi intransitables
Esta actividad incluso tiene nombre propio: swamping. Consiste en adentrarse en los senderos de los pantanos protegidos de Vasiugán, cuya extensión supera la de toda Suiza.
No es una experiencia de supervivencia extrema, pero tampoco un simple paseo por la naturaleza. Caminos exigentes, zonas de arenas movedizas, fauna salvaje, serpientes e insectos te acompañarán durante la travesía. La civilización queda a kilómetros de distancia y la noche se pasa en tienda de campaña, en plena naturaleza.
7. 'Sandboarding' en el desierto más septentrional del mundo
Las Arenas de Chara se encuentran en el krai de Zabaikalie. Es un lugar pequeño pero impactante: el desierto mide apenas 10 km de largo por 5 km de ancho, por lo que puede cruzarse a pie en un solo día.
Aquí puedes deslizarte por las dunas sobre una tabla, como si practicases snowboard, con una emoción garantizada. Eso sí, tendrás que volver a subir por tu cuenta, sin telesilla. Además, conviene llevar ropa adecuada para todo tipo de clima, ya que las temperaturas pueden cambiar de forma drástica en cuestión de horas.
8. Surf en una playa volcánica de Kamchatka
La península de Kamchatka, en el Lejano Oriente ruso, es uno de los rincones más salvajes del planeta y el sueño de cualquier viajero. Aquí encontrarás volcanes activos, géiseres impresionantes… ¡y osos en su hábitat natural! En verano, puedes recorrer sus paisajes en todoterreno, mientras que en invierno es posible descender esquiando fuera de pista tras llegar en helicóptero a la cima de una montaña.
¿Y lo mejor de todo? En Kamchatka se puede surfear durante todo el año. En verano, la experiencia es más agradable y numerosos campamentos ofrecen clases y equipo. Los más intrépidos incluso desafían las olas en invierno: en la famosa playa de Jalaktirski, con su arena negra, la temperatura del agua se mantiene entre +2 °C y +5 °C. Con un buen traje de neopreno y la guía de un instructor experimentado, la aventura está garantizada.
9. Rutas a caballo y en 'jeep' por las montañas de Altái
Quienes han visitado Altái coinciden en que es un auténtico lugar de energía natural, la verdadera “Shambhala” rusa. En los últimos años, incluso celebridades del país han acudido en masa, lo que ha impulsado la aparición de numerosos hoteles y glampings de lujo.
Puedes recorrer una de las carreteras más pintorescas de Rusia, la carretera ChuiskI (Chuiski Trakt), explorar los caminos rurales en jeep o adentrarte a caballo por senderos forestales prácticamente intransitables.
10. Navegar entre los volcanes de las Kuriles
Sajalín y las islas Kuriles forman algunas de las regiones más remotas del extremo oriental de Rusia. Llegar hasta allí no es complicado, pero sí requiere una inversión considerable. Sin embargo, quienes superan la distancia y el coste son recompensados con una naturaleza prácticamente virgen.
Puedes navegar en yate entre las islas y contemplar sus impresionantes acantilados y paisajes costeros. En tierra firme, te esperan rutas de senderismo y la posibilidad de caminar por el cráter de un volcán inactivo. Una experiencia que, sin duda, permanecerá en tu memoria para siempre.