El barco aéreo propulsado por chorros de aire que un vicealmirante ruso imaginó en 1866
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Sokovnin publicó aquel año su proyecto bajo el título El barco aéreo (Воздушный корабль). Su objetivo era superar uno de los principales problemas de los globos aerostáticos de la época: la dificultad de controlar su dirección y sus movimientos.
Según explica el historiador soviético Piotr Duz en Historia de la aeronáutica y la aviación en Rusia, el inventor imaginó una aeronave de unos 50 metros de longitud, con una estructura dividida en doce compartimentos y depósitos de amoníaco gaseoso destinados a proporcionar sustentación.
Pero lo más sorprendente era su sistema de propulsión. En lugar de depender exclusivamente del viento o de las hélices convencionales, Sokovnin proponía utilizar aire comprimido expulsado a través de tubos curvados y orientables. La fuerza de reacción generada por estos chorros permitiría impulsar la aeronave y modificar su trayectoria.
El propio inventor comparaba el funcionamiento de su máquina con el de un cohete, una idea extraordinariamente avanzada para una época en la que todavía faltaban décadas para el nacimiento de la aviación moderna.
La propuesta resultaba especialmente llamativa porque procedía de un oficial naval que trasladaba al cielo algunos de los principales problemas de la navegación marítima: propulsión, estabilidad y gobierno de una embarcación.
Como podemos comprobar en la documentación histórica conservada por la Biblioteca Científica de la Universidad Estatal de Tomsk, el proyecto llegó a plasmarse en dibujos técnicos, aunque nunca se convirtió en una aeronave operativa.
El barco aéreo de Sokovnin quedó finalmente sobre el papel. Sin embargo, constituye un fascinante ejemplo de la imaginación tecnológica rusa del siglo XIX: una gigantesca nave que pretendía conquistar los cielos utilizando un principio de propulsión basado en la reacción de chorros de aire.