Cuando un inmenso mar, habitado por tiburones gigantes, cubría el sur de Rusia
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Durante el Mioceno, el Paratetis albergó una enorme diversidad de vida. En sus aguas nadaban delfines primitivos, ballenas, focas, sirenios, tortugas marinas, peces de gran tamaño y numerosos tiburones. Como explican en Snob sedimentos de regiones como Krasnodar y Stávropol han conservado abundantes fósiles de esta fauna, permitiendo reconstruir cómo era aquel desaparecido mundo submarino.
Entre los grandes depredadores figuraban varias especies de tiburones de enormes dimensiones. Los paleontólogos han identificado restos de grandes lamniformes, antepasados y parientes de los actuales tiburones blancos y marrajos (como podemos leer en Oreanda) que ocupaban la cima de la cadena alimentaria.
Al mismo tiempo, en otros mares cálidos del planeta vivía el legendario megalodón (Otodus megalodon), el mayor tiburón conocido por la ciencia, capaz de superar los 15 metros de longitud. Debido a que esta especie tuvo una distribución casi mundial durante el Mioceno y el Plioceno, los investigadores consideran posible que también recorriera las aguas del Paratetis.
Con el paso de millones de años, los movimientos tectónicos y los cambios climáticos fragmentaron el Paratetis. De aquel inmenso mar surgieron, entre otros, el mar Negro, el mar Caspio y el mar de Aral, mientras grandes extensiones del antiguo fondo marino emergieron para formar las llanuras del sur de Rusia.
Hoy, los fósiles hallados en esas regiones permiten imaginar un paisaje completamente distinto al actual: un mar tropical donde cetáceos y tiburones gigantes dominaban un ecosistema que desapareció hace millones de años, pero cuyo legado continúa oculto bajo los sedimentos del sur de Eurasia.