¿Cómo acabó un hombre entre los condecorados con la Orden femenina de Santa Catalina?

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La única condecoración rusa destinada a las mujeres fue instituida por Pedro I en 1713, después de la campaña del Prut contra los turcos. Lo acompañó su esposa, Catalina I, que soportó con entereza todas las penalidades de aquella vida y ayudó a quienes lo necesitaban. Para reconocer su comportamiento, el zar creó esta distinción. Según otra versión, su esposa entregó sus joyas para sobornar a los enviados turcos, lo que habría contribuido a alcanzar una tregua entre Rusia y Turquía.

Dominio público
Dominio público

Catalina I fue la primera en recibir la medalla. Posteriormente, comenzó a concederse a mujeres de la nobleza por su participación en obras benéficas. La emperatriz se convertía en la máxima responsable de la Orden de Santa Catalina, mientras que las grandes duquesas recibían la distinción desde su nacimiento.

Pero en 1727 el sistema sufrió una anomalía y entre los condecorados apareció... un hombre. Catalina I concedió la orden al hijo de 13 años del cortesano y príncipe Alexánder Ménshikov. Alexánder Ménshikov hijo ya poseía, por méritos poco conocidos, algunas de las más altas condecoraciones de Rusia y Prusia; probablemente solo le faltaba esta.

De hecho, se le auguraba una brillante carrera en la corte. Se convirtió en chambelán de la emperatriz y debía casarse con la gran duquesa Natalia Alexéievna. Sin embargo, ni la condecoración ni el compromiso matrimonial terminaron dándole muchas alegrías. Cuando Pedro II se convirtió en emperador, acusó a Ménshikov padre de malversación y alta traición y lo desterró junto con toda su familia a Beriózov. La “condecoración femenina” de Alexánder Ménshikov hijo fue entregada entonces a su antigua prometida.

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