5 cosas que (probablemente) no sabías sobre la batalla de Poltava
Además de Telegram, Puerta a Rusia difunde contenidos en su página de VKontakte. ¡Únete a nosotros!
1. El rey de Suecia combatió estando herido
Carlos XII había recibido un disparo en el talón poco antes de la batalla decisiva. La herida fue tratada de forma deficiente y el monarca sufría una fuerte fiebre. Fue llevado al campo de batalla en una camilla y apenas podía seguir el desarrollo del combate. El mando efectivo del ejército quedó en manos del mariscal de campo Carl Gustaf Rehnskiöld.
2. Los suecos lucharon prácticamente sin artillería
El ejército sueco disponía de cuarenta cañones, pero solo pudo utilizar cuatro debido a la escasez de munición y pólvora. Los rusos, en cambio, contaban con cerca de un centenar de piezas de artillería. Uno de sus proyectiles llegó incluso a alcanzar la camilla de Carlos XII, aunque el rey salió ileso.
3. Pedro el Grande entró en combate en el momento más crítico y estuvo a punto de morir
Cuando el ala izquierda del ejército ruso comenzó a ceder ante el empuje de la infantería sueca, el zar Pedro I encabezó personalmente un contraataque. Su presencia levantó la moral de las tropas y permitió contener la ofensiva enemiga. Durante la batalla, una bala atravesó su sombrero, otra impactó en la cruz que llevaba sobre el pecho y una tercera alcanzó la silla de montar.
4. Había cosacos zapórogos en ambos ejércitos
Antes de la llegada de los suecos a Ucrania, el hetman de los cosacos zapórogos, Iván Mazepa, antiguo aliado de Pedro I, se pasó al bando de Carlos XII. El movimiento cosaco quedó dividido, aunque la mayoría permaneció fiel a Rusia. Ambos grupos estuvieron presentes en Poltava. Ni el rey sueco ni el zar confiaban plenamente en ellos, y ambos dudaban de su capacidad militar. Carlos XII ni siquiera permitió que los partidarios de Mazepa participaran en la batalla, mientras que Pedro I sí autorizó a sus cosacos a perseguir al ejército sueco derrotado.
5. Pedro I reunió a los generales suecos capturados en un banquete
Tras la batalla fueron capturados numerosos altos mandos suecos, entre ellos el propio Rehnskiöld. Esa misma noche, Pedro I organizó un banquete en su honor, brindó por su salud y los llamó sus “maestros en el arte de la guerra”, reconociendo que el ejército ruso había aprendido a vencer precisamente después de sufrir duras derrotas frente a ellos.