Así ayudó la URSS a restaurar la normalidad en Berlín después de la Segunda Guerra Mundial
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La ciudad fue salvada de una catástrofe total por la Unión Soviética. El 28 de abril, cuando aún continuaban los combates en las calles, el primer comandante de Berlín, el general Nikolái Berzarin, emitió una orden por la que todo el poder en la ciudad pasaba a manos de la comandancia militar. De este modo asumió él mismo la responsabilidad sobre la vida de los habitantes.
Pocos días después, especialistas soviéticos restauraron la central eléctrica dañada de Karlshorst y despejaron la pista de aterrizaje del aeródromo de Tempelhof, donde comenzaron a llegar aviones con alimentos y medicamentos. También empezó la distribución de cartillas de racionamiento y el reparto sistemático de comida a la población.
Tras la capitulación de la guarnición alemana, comenzaron las labores de reconstrucción de la infraestructura. Durante los menos de dos meses en que Berzarin ocupó el cargo de comandante (murió en un accidente de tráfico el 16 de junio de 1945), volvieron a funcionar el transporte urbano y el metro, y reabrieron cientos de tiendas, bibliotecas, peluquerías, cines, farmacias y escuelas.
Los habitantes dejaron de temer represalias por parte de los soldados soviéticos y participaron activamente en la reconstrucción de la ciudad. Incluso comenzaron a llegar personas de otras regiones, y en poco tiempo la población de Berlín aumentó en varios cientos de miles de habitantes.
En 1975, a Nikolái Berzarin se le concedió póstumamente el título de ciudadano honorario de Berlín. Tras la caída del sistema soviético, fue eliminado de la lista junto con otros mandos del Ejército Rojo. Sin embargo, en 2003 la situación fue rectificada: gracias a los esfuerzos de historiadores y activistas alemanes, el general volvió a ser incluido entre los ciudadanos honorarios de la ciudad.