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5 pasatiempos de interior de la nobleza rusa (FOTOS)

G. Miasoyédov. En el salón de Zinaida Volkonskaya.
Dominio público
Los juegos de salón facilitaban la conversación distendida, permitían el coqueteo y el despliegue de ingenio. No eran solo una forma de ‘matar el tiempo’, sino una parte importante de la vida social.

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‘Fanti’ (prendas)

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Este juego era popular en los salones de la alta sociedad y en las reuniones privadas de la nobleza. Incluso se jugaba en la corte de Catalina la Grande, en el Hermitage. La palabra “fanti” procede del término alemán Pfand, que significa “prenda”. El juego existía en dos variantes principales, en las que la prenda podía ser un objeto o una nota con una tarea.

Las reglas eran las siguientes: cada jugador colocaba un objeto personal (un anillo, un reloj, un pañuelo, etc.) en un sombrero. El anfitrión, sin mirar, sacaba un objeto y asignaba una tarea a su propietario. El anfitrión también entregaba una prenda para garantizar la imparcialidad del juego. Si se jugaba con tareas escritas en papel, los participantes las redactaban previamente, las introducían en un sombrero y luego, por turnos, las sacaban y las cumplían.

La segunda variante permitía jugar sin anfitrión. Las tareas podían ser muy diversas, desde creativas e intelectuales hasta lúdicas y románticas. Por ejemplo, leer una fábula, cantar un romance, resolver una charada, gatear bajo una mesa, besar a alguien de la sala, etc. La regla principal era mantenerse dentro de los límites de la decencia y tener en cuenta la edad y el estatus de los participantes.

Acertijos

Dominio público

Existían dos tipos de charadas: poéticas y “en vivo”. En las adivinanzas poéticas, el autor presentaba una palabra dividida en partes (sílabas o palabras independientes). Cada parte y la palabra completa se describían mediante pistas en verso. Por ejemplo, una sobre la palabra Agatón: “Mi primera parte está en tierra turca / un terror para los jenízaros y a menudo para el sultán (aga)… Y mi todo entre los rusos / tiene un nombre tanto para nobles como para campesinos”.

En los acertijos “en vivo”, los participantes se dividían en equipos. Un equipo pensaba una palabra, por ejemplo parad, y sin hablar, usando disfraces y accesorios, representaba primero la primera parte (par: por ejemplo, una nube de vapor), luego la segunda (ad: demonios) y finalmente la palabra completa (parad: una procesión). El segundo equipo debía adivinar la palabra.

‘Biriulki’

En el siglo XIX, el biriulki pasó de ser un entretenimiento infantil campesino a convertirse en uno de los juegos más populares entre todas las clases sociales de Rusia. Su esencia consistía en sacar con cuidado una pieza de un montón sin mover las demás. Para el siglo XIX, los elaborados juegos de biriulki se habían convertido en un pasatiempo de moda. Se fabricaban con maderas preciosas y marfil y se guardaban en elegantes cajas, a veces con forma de frutas.

Sobre la mesa se amontonaban diminutos objetos domésticos finamente tallados (vajilla, herramientas, etc.). Luego, utilizando un gancho especial de alambre, el jugador debía extraer el mayor número posible de figuras sin tocar las adyacentes. Si movía una figura vecina, el turno pasaba al siguiente jugador. Ganaba quien reunía más figuras o quien alcanzaba primero un número de puntos previamente establecido.

Coqueteo floral

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Un popular juego de salón del siglo XIX que transformaba el lenguaje de las flores en una forma divertida de conocer gente y coquetear. Ofrecía a los jóvenes la oportunidad de intercambiar insinuaciones y confesiones respetando la etiqueta.

El juego se realizaba con un conjunto de tarjetas, a menudo guardadas en una elegante caja. Cada tarjeta contenía una lista de 15 a 20 nombres de flores y, junto a cada uno, una frase ya preparada, de tono juguetón o romántico. Había muchas tarjetas y las frases se repetían en distintas combinaciones, lo que dificultaba su descifrado.

Los jugadores se intercambiaban las tarjetas, pasándolas de mano en mano. Al entregar una tarjeta, el jugador decía únicamente el nombre de una flor (por ejemplo, “Violeta” o “Rosa”). Quien recibía la tarjeta encontraba en silencio la flor indicada y leía la frase escrita junto a ella: ese era el mensaje oculto. El objetivo del juego era iniciar un diálogo eligiendo una frase adecuada de las propias tarjetas y nombrando otra flor en respuesta.

El juego era popular entre los círculos instruidos y acomodados. Ayudaba a superar la timidez y a entablar nuevas relaciones de una manera amena.

‘Tableaux vivants’

Fine Art Images/Heritage Images / Getty Images

Un pasatiempo favorito en los salones y fincas nobiliarias del siglo XIX. Su esencia consistía en recrear en escena pinturas, esculturas o escenas literarias famosas mediante el uso de vestuario, poses e iluminación.

El juego podía ser espontáneo o planificado con antelación. En el primer caso no se requería preparación: los disfraces y accesorios se improvisaban con lo que hubiera a mano. Si las representaciones se organizaban para una fecha concreta, una fiesta familiar o una celebración, era necesaria una preparación más seria. Se cosían los trajes, se diseñaban decorados e iluminación y se realizaban ensayos.

Los temas podían abarcar desde cuentos de hadas hasta mitos antiguos y parábolas bíblicas. Los intérpretes, vestidos con los trajes adecuados, permanecían inmóviles en sus poses, intentando transmitir la obra original con la mayor fidelidad posible. La tarea del público era adivinar qué pintura o escena se estaba representando.