Cuando el emperador ruso Pablo I retó a duelo a todos los monarcas europeos
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Unos meses antes, Pablo había recibido en San Petersburgo al rey de Suecia Gustavo IV. Allí discutieron la creación de una coalición con Dinamarca y Prusia destinada a desplazar a Inglaterra del dominio marítimo. La guerra ya estaba hartando a todos, y no se veía su final en el continente europeo. En una de aquellas conversaciones, Pablo I se dejó llevar por una ensoñación: qué maravilloso sería que, de acuerdo con los ideales caballerescos, todos los conflictos se resolvieran mediante un duelo entre los jefes de los Estados en guerra. Los presentes se rieron, pero el emperador hablaba muy en serio: esa misma noche pidió que se redactara una carta con esa idea y que se enviara a los periódicos europeos.
En ella proponía a sus interlocutores elegir como padrinos, escuderos y jueces del duelo a destacados ministros y comandantes militares. Él mismo pensaba acudir acompañado de los generales Pálen y Kutúzov.
En diciembre de 1800 la carta se publicó en uno de los periódicos de San Petersburgo, aunque solo en alemán, y en enero del año siguiente apareció también en la prensa extranjera. Los monarcas de los distintos países guardaron silencio, mientras que en la prensa se debatía si el plan de Pablo de poner fin a todas las guerras con un duelo no sería en realidad una conspiración. Se llegó a sugerir que el zar ya había sido asesinado y que la carta falsificada pretendía demostrar que estaba loco.
Nadie respondió jamás al desafío de Pablo. O quizá no llegaron a tiempo. Un mes y medio después, por una cruel ironía del destino, el emperador murió a consecuencia de una conspiración. Entre sus participantes se encontraba el conde Pálen, uno de los posibles padrinos del duelo que nunca llegó a celebrarse.