¿Por qué las aristócratas rusas del siglo XIX llevaron joyas de hierro fundido?
Además de Telegram, Puerta a Rusia difunde contenidos en su página de VKontakte. ¡Únete a nosotros!
Entre 1813 y 1814, toda Europa se unió contra Napoleón. Rusia, Prusia, Austria, Suecia y Gran Bretaña formaron una coalición para combatir al ejército francés y a su emperador. Las mujeres también contribuyeron al esfuerzo bélico.
La princesa Mariana de Prusia propuso que las damas donaran sus joyas de oro. El dinero obtenido servía para financiar al ejército y, a cambio, las mujeres recibían broches y anillos de hierro con la inscripción: “Cambié mi oro por hierro”.
Sin embargo, nadie quería acudir a los actos sociales sin joyas. La alternativa fueron las piezas de hierro fundido: tan elegantes como las de metales preciosos, aunque sin el brillo de los diamantes. Con el tiempo, estas joyas comenzaron a recubrirse de oro o plata y a adornarse con camafeos.
La moda también se vio impulsada por la enorme popularidad del poema El prisionero de Chillon, de Lord Byron. Los joyeros empezaron a fabricar collares y pendientes de hierro fundido de estilo neogótico, que causaron auténtico furor entre las compradoras.
Estos accesorios de metal sencillo también formaron parte de las colecciones de aristócratas rusas, entre ellas la princesa Zinaída Yusúpova.