¿Por qué temían dejar entrar al pintor Iliá Repin en la Galería Tretiakov?
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Actuaba así incluso con obras que ya habían sido vendidas y formaban parte de una colección museística. Pável Mijáilovich Tretiakov, fundador de la galería, conocía perfectamente esta peculiaridad del artista y, según recuerdan sus contemporáneos, la temía.
En 1887, Tretiakov salió de Moscú. En su ausencia, Repin llegó a la galería con caballete y pinturas. Aseguró al personal que Tretiakov estaba al tanto de su intención de retocar el cuadro No lo esperaban. Los empleados confiaron en el amigo del mecenas e incluso le facilitaron una escalera. En la pintura, Repin volvió a pintar la cabeza del protagonista, el exiliado que regresa.
Y no se limitó a un solo cuadro. En el lienzo Iván el Terrible y su hijo Iván el 16 de noviembre de 1581 modificó notablemente el tono del rostro del zar. Y en el fondo de Procesión religiosa en la provincia de Kursk “añadió polvo”, lo que, según testigos, hizo que el fondo se volviera poco visible. Después, Repin informó a Tretiakov por carta sobre los cambios realizados y también criticó la disposición de los cuadros en la galería.
Al ver las “correcciones”, Tretiakov montó en cólera y durante varios meses no respondió a las cartas del artista. Desde entonces tomó medidas estrictas para evitar que algo así volviera a ocurrir. La leyenda cuenta que incluso prohibió a sus empleados dejar entrar al pintor en la galería si llevaba pinturas consigo.