5 datos poco conocidos sobre el fabulista Iván Krilov

Puerta a Rusia (Foto: Galeria Tretiakov, almphotom/Getty Images)
Puerta a Rusia (Foto: Galeria Tretiakov, almphotom/Getty Images)
Habitualmente se le presenta como un "abuelito": un sabio bonachón, indolente y de figura regordeta, cuyas fábulas son conocidas por todos los rusos. Sin embargo, tras esa imagen se escondía una persona muy distinta.

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1. El primer autor ruso traducido al chino

TASS
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Las fábulas de Iván Krilov fueron las primeras obras de la literatura rusa en ser traducidas al idioma chino. Las tres primeras —"Amistad de perros", "La zorra y la marmota" y "El lucio"— se publicaron entre diciembre de 1899 y mayo de 1900 en Shanghái, en la revista "Revista Internacional" (万国公报), editada por la Sociedad de Literatura Cristiana. Eso sí, la traducción no se realizó del ruso, sino del inglés. Además, las fábulas fueron vertidas en prosa, y no en verso como en el original, por lo que tenían más bien la apariencia de parábolas.

2. Inspiró al icónico personaje de Oblómov

Sputnik
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La idea de la célebre novela "Oblómov" de Iván Goncharov tiene una fuente muy concreta: la imagen pública que Iván Krilov había consolidado hacia finales de la década de 1840. Se trataba de la figura de un sabio pasivo, sumido en el caos de la vida cotidiana. La vieja bata y las zapatillas gastadas como "uniforme" de estar en casa; el criado que solo empeoraba el desorden estropeando las pertenencias del amo: todos estos rasgos pasaron a formar parte del mundo de Iliá Oblómov.

Fue así como Krilov apareció retratado en un artículo crítico de Piotr Pletniov, escrito para la edición póstuma de las obras completas del poeta. El crítico condenó duramente la "prudencia ociosa" y la "sabiduría sin vida" del fabulista, y concluía con pesar que en aquella "mente inmóvil", que no traspasaba el umbral de su propio apartamento, podría haber estado "enterrado" más de un talento.

3. Fue "abuelo" sin tener nietos

TASS
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La expresión "abuelo Krilov" se popularizó gracias a un amigo de Pushkin, el poeta Piotr Viázemski. En la solemne celebración del aniversario de Krilov en 1838, se interpretaron unas coplillas de Viázemsky con un estribillo constante: "¡Salud, abuelo Krilov!". Fue así como este apodo fue "oficialmente" adoptado en el círculo de la élite literaria y social. Por aquel entonces, Krilov tenía ya unos 70 años, lucía una figura corpulenta y un carácter flemático, lo que se ajustaba a la imagen popular de un abuelo bondadoso. A esto contribuyó también el cariño del pueblo. A mediados del siglo XIX, Krilov era uno de los autores más leídos en el país. Lo conocían todos, desde los campesinos hasta la familia imperial.

4. Era un gran aficionado a la buena mesa

Mijaíl Velichko/Archivos de Alexánder Odinókov
Mijaíl Velichko/Archivos de Alexánder Odinókov

En su infancia, Krilov vivió la rebelión de Pugachov. Cuando el niño tenía unos cinco años, se encontró con su madre en la sitiada Oremburgo, donde reinaba el hambre. Su padre, el capitán Andréi Krilov, defendía heroicamente la fortaleza de Yaitsk. Los rebeldes condenaron a toda la familia a la horca, por lo que tuvieron que esconderse. Según sus biógrafos, estos traumas infantiles fueron la causa de su famosa falta de moderación con la comida en la edad adulta. Más tarde, el propio Krilov relató estos acontecimientos a Pushkin, y sus memorias se incluyeron en "Historia de la rebelión de Pugachov". Además, los rasgos del padre del escritor se reflejaron en el personaje del capitán Mirónov en "La hija del capitán".

5. Gastaba considerables sumas de dinero en palomas

Dominio público
Dominio público

La afición de Krilov por las palomas era bien conocida por sus contemporáneos y se menciona a menudo en las memorias de la época. Se sabe que dejaba que los pájaros entraran libremente por sus ventanas, los alimentaba directamente en el apartamento y no prestaba atención al estiércol y las plumas que dejaban generosamente en muebles y alfombras. Compraba grano para ellas en grandes cantidades y gastaba en ello sumas considerables. Entre los favoritos alados del fabulista también había un gorrión domesticado. En los alféizares de su apartamento construía cajas especiales, estantes y perchas donde sus protegidos vivían y criaban polluelos. Si veía en la calle una paloma herida o débil, no dudaba en recogerla, llevarla a casa y cuidarla hasta que se recuperara. Esta afición era tan famosa que se convirtió en parte de su imagen. A menudo se le representaba en caricaturas y retratos humorísticos rodeado de pájaros.

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